Baudrillardiana

enero 27, 2006



Simulation is no longer that of a territory, a referential being or a substance. It is the generation by models of a real without origin or reality: a hyperreal.

Jean Baudrillard, Simulacra and simulation (1981)


¿Cuánta gente podría romper con el principio de realidad? ¿Cuántos podrían creer en algo que sabían intelectualmente que era una ilusión?

Philip K. Dick, Simulacra (1969)

La realidad es una ficción aparente.

Del spot televisivo de la PlayStation 2 (2005)
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Aunque con varios meses de retraso, por fin he seguido la encarecida recomendación de Imouto y he visto la sensacional Save the Green Planet!, película inclasificable, original y atrevida como ella sola. Pues llevamos tiempo sospechando, como apunta un artículo reciente en Miradas de Cine -también vía Imouto-, que la producción oriental es hoy un extraordinario yacimiento de novedades formales y de creadores con talento -entre los que destacan algunos nombres de la potente industria surcoreana, como Kim Ki-duk y Park Chan-wook-: también de Corea del Sur es esta primera película de Jeong Jun-hwan, sorprendente y bizarra desde su mismo planteamiento. Lee Byeong-gu es un apicultor (y constructor de maniquíes) que carga sobre sus espaldas la terrible tarea de salvar el mundo. Persuadido de que se prepara una inminente invasión extraterrestre, prendido de la metanfetamina y ayudado por su novia funambulista, decide secuestrar a un poderoso empresario -según Lee, un poderoso alien procedente de Andrómeda- y así detener la catástrofe. En primer lugar le corta el pelo al cero para impedir que se comunique telepáticamente con sus congéneres. Luego le tortura con un espray contra las picaduras de abeja. Para colapsar sus neurotransmisores.
Desde este arranque como de versión lisérgica de Misery la película recorre momentos de comedia negra, thriller conspiratorio-policíaco, drama angustioso y cruel y parodia de ciencia ficción (2001 y Blade Runner). Se divierte con todos estos clichés sin que ninguno de ellos se imponga y nos permita adscribirla cómodamente a un género determinado. Mientras tanto los personajes van ganando complejidad, y cuando el espectador conoce más sus motivos se descubre felizmente arrastrado por la paranoia del protagonista hasta el delirio final, del que me atrevo a contar más porque en este blog, aunque imprecisa, hay una foto mía. Como la versión de Somewhere Over the Rainbow que acompaña a los créditos iniciales (y que podéis escuchar en el trailer), Save the Green Planet! recoge motivos pop que hoy son para nosotros juguetes viejos, conmovedores pero demasiado ingenuos, y nos los devuelve reciclados en cacharrería punk, mucho más acorde con la sensibilidad posmoderna. Y recordad: no es paranoia si de verdad te persiguen.
Domo arigato, Imouto.
ACTUALIZACIÓN DEL 7 DE FEBRERO: Gracias a la amable insistencia de Replicante, una versión ligeramente extendida de esta reseña puede leerse en Locoporelcine.

El valor del trabajo

enero 16, 2006

El pintor norteamericano James McNeill Whistler (1834-1903) realizó una serie impresionista de paisajes -o nocturnos, como decidió llamarlos- que fueron rechazados por la mayor parte de los críticos de su época. Uno de estos sumos sacerdotes del gusto, el británico John Ruskin, escribió un furioso ataque contra el cuadro de Whistler Nocturne in Black and Gold: The Falling Rocket (1874), acusándole de chapuza y engaño y afirmando que el artista “pedía doscientas guineas por lanzar un bote de pintura al rostro del público”. Whistler demandó al crítico por difamación. El juicio tuvo lugar en noviembre de 1878.

(Abogado): Veamos, señor Whistler. ¿Puede decirme cuánto tiempo ha invertido usted para despachar ese nocturno?
(Whistler): (…) bueno, por lo que recuerdo, un día, más o menos.
– ¿Sólo un día?
– No lo afirmaría con seguridad; quizá lo haya retocado un poco al día siguiente, cuando la pintura todavía no se había secado. Por eso debería decir más bien que he trabajado dos días en él.
– ¡Ah, dos días! ¿Así que por el trabajo de dos días pide usted doscientas guineas?
– En absoluto; las pido por el saber que he adquirido en toda una vida. (Aplausos en la sala).

Whistler ganó el juicio, aunque los elevados gastos del proceso le llevaron a la ruina.

Cuídalo o rómpelo.
(De Tuyo es, mío no)

Después de Vamos A Morir, Demonios Tus Ojos, Mil Dolores Pequeños y su anterior disco en solitario –Luna de Agosto-, Javier Colis emprende una nueva etapa con Las Malas Lenguas. Una banda en la que está presente esa inquietud experimental de un compositor, guitarrista y cantante que forma parte esencial del rock de vanguardia en nuestro país.
Las Malas Lenguas son el guitarrista Julen Palacios, el teclista Saúl Cortés (ambos miembros del grupo de art punk La Familia Atávica), el bajista Germán Sánchez (actualmente al frente del proyecto de música electrónica Diadiez), además de la colaboración especial de Jorge Fuertes (Doss, De la Rosa) y la thereminista Marina Radis (IPD, Manta Ray, Birabent).

Más en su página web.

Las Malas Lenguas están sacando a pasear Lo eterno es lo que más dura, y ayer volvieron a hacer de las suyas. Siempre cosechan excelentes críticas, y aunque probablemente sea lo justo, admitamos que es también aburrido. De modo que ha llegado el momento, sí, amigos, de ponerles algunos peros.
Por ejemplo: su música es decididamente experimental y atrevida, pero su disfrute está al alcance de cualquiera con oídos hospitalarios. Es inquietante y siniestra, pero a la vez juguetona y cordial. Amarga y encabronada pero también jovial y balsámica. Capaz de recorrer paisajes musicales delicadamente tiernos, pero en cualquier momento asaltados por un acorde tenso como el tirachinas de un gamberrete hasta su estallido de final de barril de cerveza.
Es como esas masas de dos componentes que lo arreglan todo, incluídos ciertos estados carenciales. Por supuesto, no consulte antes ni a su médico ni a su farmacéutico.
Vamos, que siempre da gusto oíros.

Una propuesta razonable

enero 7, 2006

Para zanjar la polémica en torno al destino del valle.
(Cortesía del Taller de Panfletos Recrativos de Gonzalo)

Se alquila ático

enero 5, 2006

Viendo que Mastegas rinde homenaje a una de sus películas favoritas en una entrada reciente, voy a hacer lo propio con otra de las mías -que, por cierto, cuenta con un excelente artículo en la wikipedia-, y recurriendo al mismo procedimiento metonímico. A ver si alguien más se anima a prolongar estos post-menajes cinematográficos. Vistas más detalladas de este paisaje, en esta página.