Alegorías marcianas

abril 28, 2006

«Bob y Joan bajaron los peldaños delanteros y se encaminaron por el sendero hacia el vehículo de superficie, estacionado al borde de la carretera. La puerta se abrió cuando se acercaron. Bob arrojó la maleta dentro y se sentó al volante.
-¿Por qué hemos de luchar contra los marcianos? –preguntó Joan, de repente-. Dímelo, Bob. Dime por qué.
Bob encendió un cigarrillo. Dejó que el humo gris se esparciera por la cabina del coche.
-¿Por qué? Lo sabes tan bien como yo. –Alargó su enorme mano y golpeó el bello cuadro de mandos del coche-. Por esto.
-¿Qué quieres decir?
-El mecanismo de control necesita rexeroide. Y los únicos depósitos de rexeroide de todo el sistema se encuentran en Marte. Si perdemos Marte, perdemos esto. –Recorrió con la mano el brillante cuadro de mandos-. Y si perdemos esto, ¿cómo vamos a ir de un lado a otro? Contéstame.
-¿No podemos volver a la conducción manual?
-Hace diez años sí, pero hace diez años conducíamos a menos de ciento cincuenta kilómetros por hora. Hoy en día, ningún ser humano podría conducir a aquellas velocidades. Es imposible volver a la conducción manual sin reducir la velocidad.
-¿Por qué no?
-Cariño –rió Bob-, vivimos a ciento cuarenta kilómetros de la ciudad. ¿De veras crees que podría conservar mi trabajo si corriera todo el rato a sesenta kilómetros por hora? Me pasaría la vida en la carretera.
Joan calló.
-Por tanto, hemos de conseguir ese maldito material, el rexeroide. Nuestros aparatos de control dependen de él. Nosotros dependemos de él. Lo necesitamos. Las minas de Marte deben seguir en funcionamiento. No podemos permitir que los marcianos se apoderen de los depósitos de rexeroide. ¿Entiendes?»

Philip K. Dick, Algunas clases de vida (1952),
en
Cuentos completos II (Minotauro. Barcelona, 2006).
Anuncios
Todas las adaptaciones de un medio a otro arrastran un riesgo y parecen llegar siempre envueltas en una amenaza de decepción, cuando no de sacrílega violencia sobre el original. Si además éste es ampliamente considerado una de las cumbres del cómic –V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd-, la adaptación pone en guardia a todo un séquito de soliviantados admiradores, inquisidoramente atentos a cualquier desviación herética respecto de La Obra. El propio Moore ha podido estimular esta clase de reacciones desde que se desvinculara no sólo de ésta sino de anteriores adaptaciones cinematográficas de sus creaciones, una decisión por otra parte comprensible tratándose de From Hell (2001) y (especialmente) La liga de los Hombres Extraordinarios (2003). La ausencia de su nombre en los créditos de V de Vendetta, según sus propias palabras, se debe al hecho de que el guión de los hermanos Wachowski era «una porquería» y la historia había sido desprovista de su mensaje libertario.
Sin embargo, de la película de James McTeigue puede decirse, al menos, que es la mejor adaptación cinematográfica que se ha hecho hasta ahora de una obra de Alan Moore: respeta en líneas generales el escenario, la fábula y los personajes que conformaban las vigas maestras de la novela gráfica y levanta sobre ellas una narración ágil, con excelentes interpretaciones, un cuidadoso diseño de producción, una destacable banda sonora y un cierto (y agradecido) autocontrol en el despliegue de efectos especiales. Al igual que en el cómic, la historia de V es un nudo de venganza personal cruda e implacable a lo Conde de Montecristo y metódica planificación revolucionaria contra un orwelliano régimen fascista dos objetivos convergentes para el protagonista, probablemente relacionados con la intención inicial de Moore de desarrollar una serie regular y que no amenazan la consistencia del relato-. Esta historia se trenza a su vez con la de la transformación de Evey, ese personaje angular de toda narración distópica que va cobrando conciencia del infierno en el que vive hasta ingresar decididamente en el activismo antisistémico.
P
or supuesto, los puristas del cómic habrán identificado sin dificultad numerosos detalles alterados en la adaptación cinematográfica. Algunos personajes son más planos –Sutler es el dictador absolutamente malvado, Finch el policía a la altura de las circunstancias-, pero V preserva la ambigüedad moral característica de los héroes de Moore (véase Watchmen), alternando los papeles de víctima y verdugo. El cómic, realizado entre 1981 y 1988, estaba ambientado en 1997; la película, a comienzos del siglo XXI y algo después de que la guerra americana empeorara. Aquél dirigía su filo crítico hacia el rearme conservador del thatcherismo; la película lo reorienta hacia tópicos más contemporáneos, como los estados de excepción permanente justificados por la necesidad de la contrainsurgencia (las capuchas naranjas de los prisioneros son una referencia directa a Guantánamo y Abu Gharib), la islamofobia (el Corán es un libro prohibido), o la política del miedo (cuando la amenaza gana consistencia, el líder Sutler decide enseñar al pueblo por qué le necesitan mediante un torrencial bombardeo de noticias sobre males en expansión, desde una guerra civil a la gripe aviar). Pero sobre todo, y más allá de las alusiones al presente prendidas de estos imperdibles, sorprende que V de Vendetta no eluda el carácter terrorista de las tácticas del personaje creado por Alan Moore -ataviado como Guy Fawkes, el audaz conspirador que el 5 de noviembre de 1605 trató de volar con 36 barriles de pólvora el parlamento británico-, particularmente en un contexto de hipersensibilidad que a menudo impide activamente la mínima reflexión sobre esa categoría. Con esto no queremos decir que la película constituya una sofisticada parábola en torno al terrorismo de las que obligan a acariciarse el mentón; pero sí que conserva algo del aliento subversivo de la obra original, o al menos tanto como podría esperarse de una producción de la Warner –que, tras Buenas noches, y buena suerte (2005), ya comentada aquí, y Syriana (2005), y dentro de los límites que imponen los imperativos comerciales, parece en camino de convertirse en una especie de quintacolumnista ideológica de Hollywood-. V es, descaradamente, un terrorista. También es la víctima colateral y el engendro de un régimen monstruoso al que calificaremos también como terrorista, o de lo contrario habremos perdido toda credibilidad en sucesivos usos del término. Su venganza sólo será completa cuando éste haya sido destruido; pero entonces habrá que recordar con V que la anarquía tiene dos caras: La creadora y la destructora. Así, los destructores derriban imperios; crean un lienzo de escombros sobre el que los creadores pueden pintar un mundo mejor. Se trata de esos dos momentos del proceso revolucionario a los que aludía Maïakovski en 150.000.000: Nuestras hazañas / serán más difíciles que las del Creador /que llenaba / de cosas el vacío. / No sólo tenemos que construir / con imaginación nueva, / sino también dinamitar lo viejo.
Y si de dinamitar lo viejo se ha encargado V e
n cumplimiento de su venganza, a Evey le corresponde el relevo en el momento creador, que obliga a hacerse cargo de la inevitable cuestión del poder (No voy a liderarles; les ayudaré a construir). Pero, como tantas otras narraciones sobre las posibilidades de una transformación política radical, V de Vendetta detiene su relato en ese hermoso y precario instante de destrucción y tabula rasa previo a la reconstrucción utópica en el que todas las virtualidades permanecen congeladas. Lástima que no podamos asistir a su delicado y esperado desarrollo, a menos que los Wachowski nos den la solución en las improbables secuelas V Reloaded y, sobre todo, V: Revolutions.

Estáis kaput

abril 16, 2006

Desde el mes pasado puede encontrarse en bares, tiendas de discos, locales de ensayo y otros antros poco recomendables vuestra revista musical favorita: KAPUT!, 36 páginas de selectas reseñas, críticas y entrevistas sobre los más delicados sonidos underground del momento, de la mano del Lord of Darkness y su nutrida plantilla de proteicos colaboradores. En el primer número, The Drones, Federation X, The Hells, Kinky Lovers, La Familia Atávica, Deadly Snakes… y, además, un sesudo artículo sobre tecnología, drogas y cyberpunk, por un servidor.

Contacto, colaboraciones, consultas, ideas, ofertas, publicidad, suscripciones o copas gratis: revistakaput@gmail.com.

Otto Dix

abril 2, 2006

Hasta el 14 de mayo en la Fundación Juan March.
El mejor enlace para ver su obra, el de la Fundación Otto Dix.