It Came from Outer Space (1953)

junio 6, 2006

Ahora que el freakismo sale del armario y se autoafirma como tribu urbana (porque ha llegado el momento de la venganza de esos chavales a los que les pisaban las gafas de pasta en los recreos y que hoy se disponen a dominar el mundo desde la ocupación estratégica de las profesiones más cualificadas), ahora, decía, vamos a inaugurar La Marmitácora de este mes con una nueva y prometedora sección en la que iremos rescatando las mejores peores películas que hemos visto, auténticas piezas escogidas del vertedero de la cultura pop con las que rendir homenaje a ese lado freak que todos albergamos (aunque no hayamos participado en ningún campeonato de lanzamiento de disco duro ni tengamos profesión cualificada conocida).
Una de esas joyas dignas de rescate es It Came from Outer Space (1953), dirigida bajo la efímera moda de las 3-D por Jack Arnold (quizá más conocido por El Increíble Hombre Menguante) a partir de la historia de Ray Bradbury
The Meteor. John Putnam (Richard Carlson, al que probablemente desconoceréis por títulos como The Magnetic Monster) disfruta de una tranquila velada junto a su prometida Ellen (Barbara Rush), contemplando las estrellas sobre el desierto de Arizona, cuando un meteorito atraviesa el cielo nocturno y va a estrellarse cerca de una mina abandonada. Poco después, mientras explora el lugar del impacto, John descubre una nave alienígena; pero, ay, antes de que alguien más pueda corroborar su testimonio la ladera del cráter se derrumba sepultando el hallazgo. Nuestro protagonista, víctima del síndrome de Casandra, será objeto de cachondeo de la prensa local y de los astrónomos llegados de prestigiosas universidades: tampoco el sheriff Matt (que ya tenía calado a John porque le había levantado la novia) da mucho crédito a las fantasías de ese tipo soñador y aficionado al telescopio, poco comprometido con la vida de la comunidad y al que describe como «individualista y solitario… un hombre que piensa por sí mismo».

Sirius, tenemos un problema: el Yakolev del espacio exterior, poco después del accidente.

Pero los acontecimientos se precipitan, y antes de que las sonrisas burlonas desaparezcan de los rostros de los escépticos empiezan a ocurrir cosas muy raras, mucho más que las del ayuntamiento de Marbella. Los extraterrestres andan por ahí sueltos, abduce que te abduce, como pronto comprueban dos pobres buenos chicos del servicio de mantenimiento del tendido eléctrico. Aún más, en una memorable escena semejante a una advertencia publicitaria sobre los riesgos de la conducción bajo los efectos de sustancias psicotrópicas, John y Ellen están a punto de atropellar a uno de ellos (una modalidad de encuentro en la tercera fase, también anticipada en Sin noticias de Gurb, de lo más previsible si alguna vez los hombrecillos verdes cometen la imprudencia de aterrizar en superficie terrestre asfaltada). Sin embargo, estos alienígenas no son invasores hostiles dispuestos a aniquilar a la humanidad –como en la versión cinematográfica de La Guerra de los Mundos, del mismo año-, ni ladrones de cuerpos –como los del famoso título de 1956-, pues sólo los toman prestados para pasar desapercibidos. Tampoco son paternales ángeles guardianes como el Klaatu de Ultimátum a la Tierra (1951); sencillamente son unos viajeros espaciales extraviados que han tenido un accidente y tratan de reparar su nave para volver a casa. Así se lo hacen saber a John en este candoroso diálogo:

ALIEN: Al anochecer habremos abandonado vuestro planeta. No volveréis a vernos hasta que llegue la hora.
JOHN: Hora… ¿de qué? ¿hora de matar? ¿hora d
e invadirnos?
A: Tenemos alma y mente, y somos buenos.

J: ¿Por qué os escondéis?

A: Aún no estamos preparados para que seamos amigos.

J: ¿Por qué no?

A: Porque os horrorizaría vernos. Si hubierais caído vosotros en nuestro mundo sería diferente. Nosotros comprenderíamos.

La suspicacia del alienígena está justificada porque nosotros no comprenderíamos y porque, como dirá más tarde John al sheriff Matt, «lo que no comprendemos queremos destruirlo». Sobre todo cuando su aspecto es el de una especie de Mr. Potato gelatinoso, como uno de esos monstruos de Lovecraft con nombre de cereal de desayuno. Se trata de la misma desconfianza que el sheriff y el resto del pueblo mostraban hacia John, progresivamente retratado como un alien para la comunidad; pero aquí el eco del macartismo, el miedo a las delaciones y la sospecha paranoide hacia todo aquél que se desvíe de la norma resuena, en el sentido inverso al habitual, para conjurar la percepción xenófoba del alien.

4 comentarios to “It Came from Outer Space (1953)”

  1. Anonymous said

    Ay, la dichosa serie B americana. No puedo evitar decir que las peliculas del bueno de arnold me aburren. Cada vez que tengo la oportunidad de ver una, me ocurre lo mismo, las expectativas no se cumplen ni de lejos. Realmente son lo que parecen entreteniemientos para adolescentes. Como buena parte de la c.f. escrita en esa misma epoca. Quiza debieramos huir de lo excentrico, aunque vista mucho eso de saber quien era Arnold.
    Lev Mishkin

  2. Pablo said

    Saludos, Lev. Desde luego que Jack Arnold no es ninguna cima del séptimo arte, así como tampoco encontraremos la cf literaria de esa época en el canon occidental de Harold Bloom -sin que esto nos obligue a venerarlo-. Nadie ha dicho lo contrario.
    Otra cuestión es la del entretenimiento para adolescentes, expresión a la que nada tengo que objetar como fórmula descriptiva (siempre que excluya títulos como, p. ej., The Day the Earth Stood Still), pero sí mucho como etiqueta automáticamente devaluadora. Ahí discrepo cordialmente. Uno se siente muy afortunado de haber leido a Stevenson, Wells o London no sólo en la adolescencia sino como un adolescente. Estarás de acuerdo conmigo en que es mejor que leer a Dan Brown como un capullo (y no estoy diciendo que esa sea la única forma de leerlo, oh mis susceptibles lectores). Algo parecido puede decirse de este cine. Hay un placer nada refinado en aproximarse a él como demanda el entretenimiento para adolescentes que es en buena medida: sin expectativas desproporcionadas. Y hay otro placer algo más esforzado y también más gratificante que consiste en ver, hasta donde sea posible, todo aquello que no podía ver un adolescente norteamericano en un autocine. Que probablemente ni siquiera estaba mirando la pantalla.

  3. Anonymous said

    No sé acabo de ver Días de eclipse de Sokurov, basada en el relato de los Strugatski ???? Vaya se me ha olvidado, eso me pasa por no haberlo leido. La peliclua no se me olvidara aunque combine lo sublime con lo ladrillo.
    En cuanto a lo de adolescente tienes parte de razón. Yo disfrute con Tom Sawyer y Hucklberry Finn, con el hombre que fue jueves, y la c.f de Clarke y Asimov, aunque también con stephen King y Sven Hassell, nadie es perfecto. Lo que psa es que peliculas como Ultimatum a la Tierra me parecen que ya solo se pueden ver con interes arqueologico. Y esto en el sentido de Indiana Jones no en el de Foucault.
    Lev

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