si no brota de ti a borbotones
a pesar de todo,
ni lo intentes.
a menos que te salga por voluntad propia
del corazón y la mente y la boca
y las entrañas,
ni lo intentes.
si tienes que permanecer horas sentado
mirando la pantalla del ordenador
o encorvado sobe la
máquina de escribir
en busca de palabras,
ni lo intentes.
si lo haces por el dinero o
la fama,
ni lo intentes.
si lo haces porque quieres
mujeres en la cama
ni lo intentes.
si tienes que sentarte y
rehacerlo una y otra vez,
ni lo intentes.
si sólo pensar en ello ya te cuesta trabajo,
ni lo intentes.
si quieres escribir como algún
otro,
olvídalo.
si tienes que esperar a que salga de ti
con un rugido,
entonces espera tranquilo.
si no llega a salir de ti con un rugido,
dedícate a otra cosa.
si primero se lo tienes que leer a tu esposa
o a tu novia o tu novio
a tus padres o quienquiera que sea,
no estás preparado.
no seas como tantos otros escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman escritores,
no seas soso, aburrido y
pretencioso, no te dejes consumir por el
narcisismo.
las bibliotecas del mundo
se han dormido de
aburrimiento
con los de tu calaña.
no lo empeores.
ni lo intentes.
a menos que te salga
del alma como un cohete,
a menos que creas que la inactividad
te llevaría a la locura o
al suicidio o al asesinato,
ni lo intentes.
a menos que el sol en tu interior te
abrase las entrañas,
ni lo intentes.
cuando de veras sea la hora,
y si estás entre los escogidos,
cobrará vida por
si mismo y seguirá cobrándola
hasta que mueras o muera
en ti.
no hay otra manera.
ni la hubo nunca.

Charles Bukowski, Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta (Visor, 2005)

Alberto García-Alix

septiembre 29, 2006

Más

Visto en FOUND Magazine.

Jazz for the eyes

septiembre 18, 2006

Jazz is musical improvisation; it is the art of the moment. In the recordings of jazz, the inspiration and inventiveness of this moment is made permanent by technology, giving pleasure many years after the performance.
Photography is jazz for the eye.

William Claxton

Cruceros

septiembre 15, 2006

Supongamos (aunque el esfuerzo sea épico) que tenemos unos días de vacaciones en septiembre, mucho dinero (ya os lo advertí), y, no obstante, no sabemos qué hacer. Una vez más, La Marmitácora tiene la solución: un crucero. Así es, amigos. Olvidaos de jubilados con collares hawaianos: hoy el concepto del crucero temático ha terminado con esos estereotipos infundados. No importa quién o qué seáis: existe un crucero temático para vosotros. Su venerable precedente fueron los booze cruises (cruceros para bebedores) que surcaron el Misisipi allá por los años veinte, durante la ley seca. Ahora los hay para parejas, solteros, gays, naturistas, para embarazadas y para discapacitados, cruceros gastronómicos, cruceros consagrados al baile de salón, al vino y al mus, al cicloturismo y al golf, parques temáticos Disney por las Bahamas y casinos flotantes con clases magistrales de arte a cargo de experto de Sotheby´s.
Pero si las condiciones no os lo permiten, siempre podéis embarcaros en la lectura de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (2003) de David Foster Wallace, recomendación que añado a modo de bonus track a las de la entrada previa. Aquí tenéis un entrañable extracto de su experiencia a bordo de uno de esos grotescos cetáceos turísticos.

9:30 h.(…)La biblioteca del Nadir tiene esos juegos baratos de ajedrez de Parker Brothers con piezas de plástico huecas que deben gustarle a todo buen jugador de ajedrez. Yo no soy ni la mitad de bueno al ajedrez que al ping-pong, pero soy bastante bueno de todos modos. La mayor parte del tiempo que paso en el Nadir juego al ajedrez conmigo mismo (no es tan aburrido como parece), porque he llegado a la conclusión -sin ánimo de ofender- que la clase de gente que va a Megacruceros 7NC no suelen jugar muy bien al ajedrez.
Hoy, sin emb
argo, es el día en que una niña de nueve años me hace mate en veintitrés movimientos. No nos detengamos mucho en esto. La niña se llama Deirdre. es uno de los pocos niños a bordo que no han sido escondidos en la Guardería de Día de la cubierta 4. La madre de Deirdre nunca la deja en la guardería pero tampoco se separa nunca de ella y tiene esa mueca sin labios y esa mirada afilada de las madres cuya criatura es excepcionalmente buena en algo.
Probablemente tendría
que darme cuenta de ésta y ciertamente de otras señales de humillación inminente en el momento en que la niña se acerca mientras estoy simulando una partida imaginaria en que ambas partes emplean la defensa india de dama, me tira de la manga y me pregunta si quiero jugar. Me tira muy fuerte, me llama señor y pone unos ojos del tamaño de bandejas para bocadillos. En retrospectiva, se me ocurre que aquella niña era un poco demasiado alta para tener nueve años, tenía un aspecto fatigado, los hombros caídos, de una forma característyica de chicas mucho mayores, una especie de mala postura mental. Por muy buena que fuera al ajedrez, no era una niña feliz. No creo que entre ambas cosas haya una relación directa.
Deirdre coge
una silla y me dice que habitualmente le gusta jugar con las negras y me informa de que en muchas culturas el negro es tanático o mórbido pero también es el equivalente espiritual de lo que representa el blanco en Estados Unidos y que en esas otras culturas el blanco es el color mórbido. Le digo que ya lo sé. Empezamos. Adelanto algunos peones y Deirdre saca un caballo. La madre de Deirdre mira la partida de pie desde detrás de la silla de la niña. Al cabo de pocos segundos ya sé que odio a esta madre. Es como una madre explotadora de estrella del ajedrez. Deirdre parece buena chica. he jugado antes con niños precoces y por lo menos Deirdre no grita ni sonríe con petulancia. En todo caso, parece un poco triste de que yo no le dé un poco más de juego.
Mi primer presentimiento de
peligro viene en el cuarto movimiento, cuando hago un fianchetto y usa el término de forma correcta llamándome nuevamente señor. La segunda señal ominosa es que no para de llevar la manita inconscientemente a un lado del tablero después de cada movimiento, señal de que ha jugado con reloj. Ella contraataca con una maniobra habilísima del caballo de rey, me atrapa la reina en el duodécimo movimiento y después de eso ya es mera cuestión de tiempo. No importa. Ni siquiera empecé a jugar al ajedrez hasta los veintimuchos. En el movimiento 17 tres personas desesperadamente ancianas y por lo visto emparentadas entre sí vienen tambaleándose y miran cómo sacrifico una torre y empieza la verdadera matanza. No importa. Ni Deirdre ni su repulsiva madre sonríen cuando se termina. Yo sonrío por todos. Ninguno de nosotros dice nada de volver a jugar mañana.

9:45-10:00 h. Regreso un momento para recobrar energías psíquicas al camarote 1009. Me como cuatro piezas de una fruta que es como una mandarina más pequeña y más dulce y veo por quinta vez en lo que va de semana a los velocirraptores persiguiendo a los niños precoces en la secuencia de la cocina reluciente del instituto de Parque jurásico, sintiendo esta vez una simpatía sin precedentes por los velocirraptores.”