adrian-borda-a-serenades-flavour.jpg

«Divinidad tutelar de mil rostros, se la llama aquí amor, allí libertad, en otros lados ciencia. Continúa siendo omnipotente, borbotea en el relato mítico de los esquimales, estalla en la carta de amor, ametralla al pelotón de ejecución que fusila al obrero en el momento en que exhala el último suspiro de revolución social y por lo tanto de libertad, chisporrotea en el descubrimiento del investigador científico, desfallece, exangüe, hasta en las más estúpidas producciones que se reclaman de ella y de su recuerdo; elogio que podría ser fúnebre, figurando en las palabras momificadas de su asesino el sacerdote y que el creyente escucha persiguiéndola, ciego y sordo, en la tumba del dogma, donde la poesía no es sino una falaz ceniza

Benjamin Péret, Le déshonneur des poétes (1945)

Ilustración: Adrian Borda

Roger Wolfe | Cuento

diciembre 13, 2007

senile-agitation.jpg

Tengo hambre.
Tengo sed.
Tengo frío.
Tengo miedo.
Tengo dolores de cabeza,
catarro,
ganas de follar,
rabia,
asco,
indignación…;
y luego, siempre,
indiferencia,
abulia,
hastío.

Me cago en Dios.
Creo que lo que tengo
es cuento.

Roger Wolfe, El arte en la era del consumo. Sial, 2001.

The devil’s bible

diciembre 9, 2007

binding-01.jpg

 

«Cuenta la leyenda que un monje benedictino de la región de Bohemia (actual República checa) fue acusado de un terrible crimen y condenado a muerte. Para escapar su destino, el religioso ofreció el siguiente trato: si conseguía realizar en una sola noche el libro más grande del mundo quedaría libre de la sentencia. Dicho y hecho; a la mañana siguiente presentó este gigantesco volumen de nueve metros de alto y medio de ancho con la Biblia transcrita. Para sorpresa de muchos, contenía un detalle totalmente inusual: el demonio

Más en ADN

Vía La Petite Claudine

jeremy-geddes-fan.jpg

«El masoquismo no es una hoja de afeitar en la planta del pie, no es un destornillador en la oreja. Está más cerca de leer por obligación autoimpuesta a los viejos escritores de siempre. Arrancarse la piel de los dedos con los dientes. Freírse al sol. El placer de aguantarse y hacer pis con la vejiga a punto de explotar. También los parientes que nos llaman a la una de la mañana, llenos de ansiolíticos, y nos dicen que se les acabó el Rivotril y nosotros los atendemos, y los escuchamos y los dejamos hablar. O nos exponemos con suavidad al taxista que nos narra con lujo de detalles cómo le cambia los pañales a su madre enferma de Parkinson y cómo le sostiene el duchador para que se bañe. Todos somos el yunque donde se descarga el martillo en algún momento. Pasarse el hilo dental y hacer sangrar las encías. Refregarse los ojos. El ruido, las discos llenas de gente transpirada, la humedad fría, el alcohol, las pastillas, la música a un volumen insoportable. El talento punk no es sádico como piensan muchos. Es masoquista. Por eso los alfileres, el pelo rapado y la ropa de segunda con agujeros y parches. Cuando uno comprende el dolor, la energía que se libera es impresionante.»

Juan Terranova, Me das miedo, Lucía. En En celo. Editorial Sudamericana, 2007.

Ilustración: Jeremy Geddes